Relato: Backup

19 mayo, 2018

Este es un relato que escribí en 2011 y que quiero compartir contigo. Espero que te guste!

Registro: 1106219514266

BACKUP

– Ya lo tenemos, cariño!

Marta no se lo podía creer, la llamada de su marido terminaba con años de investigación, una proeza histórica, digna de premio Nobel.

– Como me alegro, si quieres….
– Sí, vente ya, te lo quiero enseñar ahora mismo. Tu mereces ser la primera por la paciencia que has tenido conmigo durante todos estos años.
– No te preocupes amor, ahora voy.

Cogió las llaves, se puso el abrigo y salió corriendo del apartamento con una gran sonrisa en la boca. Mientras bajaba por el ascensor se imaginó estando en el Konserthus de Estocolmo con su marido, cogidos de la mano, mirándose tiernamente mientras nombraban el nombre de Ángel en voz alta, escuchándose emotivos aplausos de fondo.

Cinco años fueron los que Marta tuvo que vivir casi sin su marido y todo a causa de sus investigaciones científicas. Sabía que se trataba sobre inteligencia artificial pero desconocía el fondo de sus investigaciones debido principalmente a contratos de confidencialidad que no le permitían enseñar el experimento hasta que estuviera finalizado.

Era una pareja joven, se habían casado como antaño y a pesar de que ambas familias no estuvieron muy conforme, ellos estaban muy seguros de lo que iban a hacer, casarse a los 20 años.

No tuvieron hijos durante los 12 años que ya llevaban de matrimonio. Las investigaciones de Marcos y el trabajo como profesora de filología inglesa de Marta siempre fueron prioritarios. Desde el principio de su relación tuvieron claro que se querían centrar en sus carreras y en ellos mismos.

– No, ahora se pone a nevar. – Dijo Marta mientras sacaba el coche del garaje.

Marta conducía con cuidado, centrándose en la carretera e intentando llegar al laboratorio de Ángel antes de que las vías estuvieran intransitables a causa de la nieve que estaba cayendo esa noche. Pero su cabeza no podía parar de pensar en el inicio de una nueva etapa en su vida.

La nieve caía con fuerza y la carretera ya empezaba a ser peligrosa. Marta no se quiso arriesgar y paró en el arcén de la carretera. Sacó el teléfono del bolso y llamó a su marido para que la fuera a buscar con el coche del laboratorio; un gran 4×4, toda una delicia para hacer trabajos de campo.

– Dame 10 minutos amor, allí estaré. – Le dijo Ángel

#

Ángel se sentía flotando en ese coche, veía como los copos de nieve pasaban volando por el parabrisas, sin llegar a chocar en él, imparable, sin obstáculos, tal como había ido su carrera y su vida.

Conoció a Marta en la biblioteca de la Universidad, un flechazo digno de película, un sueño hecho realidad, una mujer culta, interesante y muy atractiva, con la que se casó y se volvería a casar mil veces más. Encontró en ella una compañera que a pesar de no trabajar en su misma rama era muy comprensiva durante los largos días de investigación en el laboratorio hasta altas horas de la madrugada, sin rencores ni sospechas.

Si al final le otorgan el Nobel, sabía que lo primero que tenía que hacer era agradecerle a su esposa toda la paciencia y el respeto que ha mantenido por su trabajo sabía por otros colegas de investigación que era un
afortunado por tener a una mujer como Marta. Con sólo pensarlo sus ojos se humedecían de emoción, tanto que tuvo que pegar un volantazo si no quería chocar contra una farola.

A lo lejos de la carretera divisó unas luces. Allí estaba su esposa. Pisó el acelerador sin ningún reparo ya que sabía que con ese coche la nieve no era un impedimento.

A medida que se iba acercando, la luz que de lejos parecía blanca se iba separando en varios colores, rojo, amarillo, y no sólo era un punto de luz, sino que habían varios, como si hubiera una concentración de coches. Su cara de alegría empezó a desaparecer. Aceleró de nuevo para poder ver cuanto antes que es lo que había en la carretera.

Sus sospechas más terroríficas se hacían realidad, no sabía exactamente cuantos coches habían, pero podía reconocer luces de ambulancia y de policía. Quitó el pié del acelerador, inconscientemente no quería llegar a ver lo que se estaba temiendo, pero a medida que se acercaba la visión era más demoledora.

Un autocar, dos ambulancias, un coche de policía y varios automóviles estaban parados en medio de la carretera. En una cuneta vio el pequeño coche de su mujer. Ángel empezó a respirar ansioso, no podía apartar los ojos del coche de su mujer. De sus labios salió una sílaba, “no”, y la fue repitiendo, cada vez con voz más alta hasta que escuchó un golpe fuerte en el capó, miró
enfrente y vio a un policía, sin darse cuenta había parado el coche enfrente de él.

– Retroceda, aquí no puede estar.- Dijo el policía.

Ángel no pudo reaccionar, no prestó atención a lo que le estaba diciendo el policía, tan sólo deseaba ver a su mujer.

El policía regresó al lugar del accidente. Ángel se bajó del coche y a pequeños pasos se acercó al coche de su mujer. No estaba allí, pero había restos de sangre por todo el salpicadero. La puerta del conductor había sido cortada y estaba a un lado del coche. De la puerta salía un pequeño camino de sangre, lo siguió y vio que de una camilla tapada con un papel metálico salían dos zapatos, los zapatos que le había regalado a su mujer hacía apenas
una semana.

No pudo con lo que estaba viendo, cayó de rodillas sin casi poder respirar. No había nadie que estuviera con su esposa, los policías y los médicos estaban atendiendo a la gente del autocar. ¿Y si su mujer aun estaba viva? y aunque no lo estuviera, sabía que él podía hacer algo, tenía que reaccionar rápido. Así que sin pensarlo dos veces, se levantó, cogió como pudo a su mujer y fue corriendo al coche, encendió el motor pero en ese momento un enfermero se dio cuenta de que la mujer muerta de la camilla había desaparecido. Ángel dio la vuelta al coche mientras los policías corrían tras él, tenía que llegar cuanto antes a su laboratorio y sabía que la policía haría lo posible para impedírselo.

#

La oscuridad fue lo primero que vio Marta, intentó mover su cuerpo pero no sentía nada, no escuchaba nada, intentó hablar pero no sentía el movimiento de sus mandíbulas. No sentía su lengua, ni su ojos, pero sabía que estaba viva, pensaba, razonaba, contó mentalmente hasta 10 y se dijo que si podía contar hasta 10 es que estaba viva.

Intentó recordar lo último que había hecho y cómo había llegado allí. Recordó la llamada a su marido, recordó que miró al reloj del coche esperando esos 10 minutos, pero luego nada, su memoria desapareció a partir de ese momento.

– ¿Estoy muerta?- pensó – no, no puede ser.

Al cabo de poco escuchó un ruido, o al menos eso le pareció. Siguió esperando a que ese ruido se repitiera, y sí, se repitió de nuevo, esta vez incluso le pareció como un chasquido con eco, se imaginó estar en una enorme habitación, no sentía ni frío ni calor, no sentía ningún dolor, parecía estar en medio de la nada, del vacío absoluto.

– Si esto es la muerte, que aburrimiento. – Se rió de su idea, debería de estar histérica, pero no, tan solo sabía que tenía que esperar.

De golpe se iluminó todo, la luz blanca cegadora hizo que instintivamente intentara cerrar los ojos, pero no podía, no sentía los párpados ni el pestañeo, esa sensación le fue muy desagradable y empezó a gritar, y por fin pudo escucharse a si misma, pero no era su voz, hecho que aun la hizo gritar más.

Entre sus gritos escuchó una voz conocida, era Ángel.

– ¿Qué quieres?, ¿que es esto? ¿donde estoy?- Gritó histérica.
– Tranquila, relájate, te tengo que explicar que ha pasado.
– ¿Por qué esta no es mi voz?, es una pesadilla cariño, quiero despertarme, por favor
– ¿Que es lo último que recuerdas? – Dijo su marido calmado
– No veo nada, solo luz blanca.
– Tranquila amor, dentro de poco me vas a ver pero antes dime que recuerdas.
– Vale… espera… recuerdo la llamada, esperar en el coche y no recuerdo nada más. ¿Qué me está sucediendo?
– No se como contártelo, pero… sufriste un accidente de coche.
– No, no puede ser, si estaba parada en el arcén.
– Un autocar perdió el control y arrolló el coche. Fue un trágico accidente.
– ¿Y donde estoy? no puedo ver nada, ¿en el hospital?
– No cariño, estás en casa.
– ¿Y los médicos? ¿no hay médicos? ¿dónde están?
– No hay médicos
– ¿Cómo que no hay médicos?
– Es difícil contarlo cariño, pero no pudieron hacer nada los médicos. Tu cuerpo murió y yo he recuperado tu cerebro.
– ¿Cómo? no entiendo, ¿Qué me estás diciendo?
– ¿Recuerdas la investigación?
– Si, claro, pero ¿qué tiene eso que ver conmigo?
– Mucho, lo que conseguí fue crear un scanner molecular y hacerlo operativo en el ordenador.
– No lo entiendo, no entiendo nada.
– Pude copiar tu cerebro dentro del ordenador, cogí lo que más quiero de un cuerpo sin vida y lo puse en el ordenador, así podremos estar juntos siempre.
– Esto es una locura.

En ese momento Ángel apareció delante suyo, detrás de él se veía el estudio de su casa. Intentó girar la cabeza pero no pudo, lo intentó moviendo los ojos pero tampoco, sus ojos estaban fijos además había perdido profundidad de campo, era como estar viendo una pantalla.

– Tranquila, ya se que te notas rara, pero con los días haré que puedas hacer cosas, mira esto- Le puso delante un brazo robótico. – Muy pronto podrás usar este brazo
– No Ángel, eso es demasiado para mi, por favor, esto es una pesadilla
– Tranquila amor, descansa, ya verás como mañana lo ves mejor.

Y de golpe la imagen desapareció y entró en un profundo sueño.

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